Inocencia.


Su inocencia me trajo su amor, 
después la noche hizo el resto; 
eramos dos perdedores 
que desafiaron el sonido del viento.

Una chispa
fue abrazada por una lágrima, 
el amor encendió a la sombra
 que vestida de blanco 
tambaleaba en la luna, 
fue un beso,
el principio de la única noche soñada.

No había nada que perder, 
por que todo estaba perdido, 
no había que sonreir
por que la risa se había ido, 
era un cuento, 
tal vez el más fragil, 
pero tenía un final, 
y era perfecto
el amanecer nos iba encontrar desnudos, 
besándonos, 
mezclando los secretos 
con la piel 
que tu mueca le robó a la luna...

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