Baldosa Floja...
La tarde tejía un silencio perfecto, en las pocas hojas que dejaba el otoño, la radio siempre estaba en el mismo lugar, "Brothers in arms", daba tumbos en el aire como para sostener el alma, mientras el cuerpo yace, al borde de la cama.
En la esquina de la pieza, una ventana, mil sombras, todas hablaban, pero no entendía. Los esfuerzos eran en vano, una fuerza de más, un latido menos.
Estaba muerto? Una sombra custodiaba el rostro con una caricia que poco a poco iba apaciguando sus párpados. Desde lejos, sosteniendo la puerta entreabierta estaba José.
Vaya a saber uno que hacía, no gesticulaba, no parpadeaba, solo miraba atónito la sangre que brotaba del cuerpo, a la altura del pecho.
Tal vez lo miraba, o tal vez no, con mi mirada le gritaba "Ayuda", el seguía igual, boca abierta mirada estupefacta.
De pronto vino una luz, y la luz trajo un arma, luego, vio como la bala de una 9mm venía a su pecho.
Quiso pararla, no pudo hacer nada; el tiempo se detuvo mientras su cuerpo volaba por los aires, cayó tendido sobre un colchón de hojas, con la poca potencia que le quedaba, pudo abrir su ojo izquierdo, justo para advertir, como el otoño, lo despedía con el último pétalo que venía acurrucarse a la altura del corazón.
Después todo se volvió negro, aunque tenuemente escuchaba algunas voces, sin poder distinguirlas, pero algo las cortaba, y era el llanto de los que observaron como fue todo.
La luz venía por última vez, ahí lo recordó todo.
Encontramos un arma, donde creíamos que no la íbamos a encontrar nada; en la baldosa floja que siempre jodía en el fondo de casa, nos enojábamos siempre por que nunca podíamos sacarla.
Hasta que un día lo logramos.
Estaba envuelta en una bolsa negra, nunca supimos de su existencia hasta ese día.Los dos muchachos estaban empecinados en tirarla, uno tenía planes, se estaba preparando para su primer cita.
Pero el arma los dominó, es como si se metiera sola en su mano; jugó un rato a ser dios, disparaba imaginariamente, a una silla, a una hoja, al cielo.
A José no le gustaba mucho la idea, pero igual la empuño con la izquierda, la movió hacía arriba, a donde estaba. Luego vino una brisa, la tarde nacía, se escuchó el disparo.
El mundo hizo un suspiro, y luego siguió.
No sabía ya como se llamaba, quizás Marcos. Era un jueves, recordó el primer beso, a escondidas en la plaza, apenas pudo balbucear su nombre. Pensó en que le iba a decir no cuando la invitó.
Imaginó un futuro, un futuro y se cansó de respirar...
Comentarios