Todo termina ahí...
Con sus garras,
rompió las congeladas
montañas del alma
y puso a su antojo,
un castillo de barro
pegado a las venas que llevan al olvido.
El olvido,
un bosque fecundo
de traiciones,
que apelmazaban los bordes
de la locura,
vistió de gala
para el baile,
el último que las estrellas
le regalaron a su memoria.
Todo termina ahí,
en esa cueva sin salida,
llena de ruidos que no cesan,
de un pincel
que dibuja en las paredes,
las mil y una versiones
del silencio.
Todo termina ahí,
en esa pausa que hace el viento
para no quebrarse,
en esa pregunta
con la que el hombre
intenta buscarle el valor a la nada...
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