Nada...
No tengo nada,
la fe la perdí por creer,
la esperanza se fue,
y el miedo
esta parado en el centro,
viendo por que esquina doblar.
Aun cuando el mundo explota,
no se escucha mas que al silencio.
En sus manos,
un trébol gastado,
hecho añicos,
ni los detractores gritan de lejos,
ya no quedan lágrimas,
para mezclarlas con el agua del mar.
Lejos,
los fantasmas conviven con sus propios demonios,
fabrican sus propias guerras,
mientras el deseo camina por los aires,
tan distante de mi sombra,
que quema la piel con su boca...
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