La tinta...
Se rompió la pluma,
y la tinta comenzó a correr por la hoja,
a construir palabras,
a nombrar epopeyas.
Nada detenía su andar,
iba por los rieles de la locura,
sin prisa.
Hasta que al final,
Se vuelve flor,
y como tal,
arroja al viento
el perfume
que penetra
la persistente lluvia de enero.
Ahí quedó,
la tinta no quedó en suspenso,
ni murió en el suelo,
murió en la flor
que dibujó la memoria
para honrar tu ausencia.
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