Historia del más acá
La tomé en mis brazos, la
hice mía, su larga cabellera castaña, se desplegaba a lo ancho de la cama,
bañada en sudor, dos cuerpos rendidos estaban en suspenso, agitados,
transpirados, satisfechos.
Ella, giró su cabeza, vino con su rostro me dijo
que me amaba, me besó y se durmió en mi pecho. La calma fue tan aguda, que yo
dormí también.
Fueron horas, hasta que de
pronto, la última gota de luz que entraba por la ventana terminaron por
calentar mis ojos, ahí me desperté, ella no estaba.
Me sentí vacío,después
imaginé que estaría preparando un desayuno, bajé a la cocina, tampoco estaba,
solo la puerta entreabierta me confirmó lo peor, se fue, sin saludar, el último
saludo era un beso, y eso era lo que quedaba.
Me vestí con lo primero
que encontré, el Jeans negro que estaba arriba de la silla, una remera celeste,
sin dibujo, y un par de alpargatas de color blanco, y me lancé entre los
edificios a buscarla.
Quería saber si estaba
bien, a veces, me decía que la amnesia se adueñaba por momentos de su ser, y la
hacía hacer cosas insospechadas. Una mujer alta, cabellos castaños, ojos
grandes con cuerpo que parecía un sueño podría
andar perdida por ahí, no podía quedarme quieto.
Tres viejos, dos pibes y
la chusma mas chusma de todas, no me contaron nada, mala cosecha pensé, deberé
seguir buscando. La noche escondía los misterios, y con los misterios perdidos,
la fantasía no puede llegar a ningún lado.
Seguí buscando, sin
reparos, tenía que encontrarla, solo cuando me choqué la puerta del último
edificio, ahí comprendí que había cruzado toda la ciudad, y que hacía frío,
pero me gustaba, el frío esconde miserias, angustias, y hasta la propia
desesperación.
Puerta de roble, inmensa, adornada
con ángeles bien arriba, inalcanzable, aún para la vista. Me costó correrla,
pero me abrí paso, y alcancé a ver unas escaleras. Cuando me desprendí de la
puerta llegué a los escalones y empecé a subirlos, cada peldaño, era un
recuerdo, besar sus labios, tocar su pelo, amar su cuerpo, odiar su ausencia.
Cuando arribé al primer
descanso, se escucharon unos pasos, cada vez más fuerte, mi corazón latía; un
hombre alto, pelo largo y canoso pasó a mi lado, me miró fijamente, se río y
siguió bajando. Le pregunté, pero no me respondió nada.
Se fue por la puerta de
roble, y me lancé en la aventura de atraparlo. Estaba dispuesto a todo, su risa
me dio la sensación de que algo sabía.
Había una humedad
galopante, tanto que mis brazos, no podían ser sostenidos por el viento, pero
lo seguía, mi grito se mezclaba con las voces de la gran ciudad, y el hombre no
me escuchaba. Apuré la marcha, me hice paso entre la gente, y pude alcanzarlo.
Vestido de gris, me miró
nuevamente, volvió a reírse.
-Qué deseas?, me preguntó irónicamente.
-La has visto, donde está?
No puedo darte esa información, pero si observas el cartel, arriba de esa
inmensa puerta sabrás mucho más, y desearás no haber venido.
Se dio media vuelta, el
esperaba que lo retenga, pero no lo hice, lo dejé ir, y mientras el lo hacía,
yo me acercaba nuevamente a la puerta, definitivamente había un cartel arriba
de esa inmensa puerta.
CENTRO NEUROPSIQUIATRICO,
eso era lo que vi. El nombre no importaba, supuestamente estaba loca, y
encerrada en ese lugar.
Esperé, a veces la
eternidad dura un instante, ella salió, vestido negro largo, adornaba su
cuerpo, y su pelo dejó el encantador castaño, para pasar a un negro, y además
era corto.
La miré, me miró, quizás
me reconoció, pero no lo hizo, empezó a caminar, sin ni siquiera advertir mi
presencia.
-No la sigas, es inútil,
ella jamás se acordará de vos, me decía un enfermero que iba a buscarla para
meterla de nuevo adentro.
Antes de entrar, dio
vuelta su rostro, y mirándome fijamente dijo: “Quién sos, siento que formas
parte de alguna manera de mí, pero no sé”
Soy el que te amaba,
respondí…
La puerta se cerró, y no
se abrió en toda la noche. Llegó el amanecer, y la lluvia me acompañó hasta mi
casa, rendido, cansado, angustiado, caí a mi cama.
Antes de cerrar mis párpados,
sentí que aun estaba ahí su perfume, su cuerpo quise devorarlo a besos, pero
eso se lo dejé a mis sueños.
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