Vinieron...

Vinieron.
Nadie supo detenerlos.
Un puñado de hombres,
sin escudos,
con palos,
custodiaron con honra el firmamento...
Pero no pudieron.

Sin esperar rompieron,
Oh Si rompieron,
la entrada al bosque encantado.

Bañadas de oro,
sus espadas hundieron,
la memoria de un pueblo,
que no supo gritar su grandeza.

Por siglos,
las voces silenciaron la historia.
Los perdedores,
eran crucificados a blasfemias.
Hoy,
un pétalo crece,
en el interior de cada conciencia,
aún siendo un pétalo en un pantano,
vale para arrazar con el pasado,
 nutrir el presente y forjar un destino,
un escudo para resistir los embates del futuro...

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