Locuras de una noche de primavera.

Me dijo su nombre, lo olvidé al instante, seis letras eran imposibles de recordar, en ese estado...
Después me preguntas por la calle?
Era una mezcla de Dorsi y una que tenía el nombre del que perteneció a Primera Junta, Moreno, creo. Ah sí!.. Era la calle Dorsi.
La Jornada estuvo fatal, ameritaba terminarla con un JB, terminé tomando cinco. En ese momento, un árbol podía ser Borges hablando de sus laberintos, o Maradona haciéndole el gol a Grecia en el 94.
Las calles parecían más a un viejo corzo de la Calle 9 de Julio que a un camino iluminado.
-De que estaba hablando?
- De alguien... Nombre de seis letras...
- Ah sí!. Primero chistaba, pensé que era un ruido que siempre me daba la noche,
el segundo fue más fuerte, me di vuelta, ahí lo vi. Mezcla de todo y nada al mismo tiempo.
-Siempre te costó describir, seguí...
-Quería frenarme, retenerme, preguntarme de donde era. Anda perdido señor, me dijo.
Así parece le respondí, busco mi casa, mi celular no funciona, y usted me está haciendo demasiadas preguntas, y ni siquiera parece tener aspecto de ser de mi familia..
Cuando vio el celular, giró, buscaba la complicidad de la noche, no se si la encontró, luego observó mi remera Adidas, sus palabras fueron claras: SEÑOR, Usted parece que se escapó de algún lado,
dicen que hay un loco suelto, una especie de futurista que asusta a la gente. Es más tiene su aspecto, alto, gordo, y dice cosas sin sentido.
Que tiene de malo hablar del futuro le pregunté.
Es perverso asustar con lo imprevisible, imaginar asuntos para los que el mundo no está listo.
Con su voz intentaba calmarme ( Yo en realidad empezaba a impacientarme), mientras que con su mano izquierda, sacaba una cuerda de su campera marrón.
-Que quiere hacer con eso, le dije con miedo?
- Atarlo!, usted está loco, asusta a la gente, y encima con ropa que no es de la época.
- Época, ropa, susto... De qué me está hablando señor?
-Usted es un monstruo, ya mismo hay que encerrarlo! Quién iba a pensar que en los años 60, los Hippies iban a ocultarse en esa versión rara de un hombre que quiere un mundo libre.
Corrí tan rápido como pude, no miré atrás. Las calles iban cambiando su fisonomía, había luces donde no había, casas de dos pisos en donde habitaba un terreno baldío, mi pelo empezaba a ceder, y de pronto era el canoso que nunca quise ser.
Las calles parecían que nunca conducían a mi hogar, mas bien uno veía miles de foto en pocos segundos, todo ante mis ojos, maldita noche de primavera.
Un árbol, rejas negras, por fin, mi casa.
Recordé que había dejado la puerta sin llave, entré y fui derecho a mi cama, el susto hizo que me durmiera rápido  raro, pero fue así.
Desperté, a las siete y media de la tarde, era viernes, recordé que siempre el periódico estaba adelante de la puerta.
Me incorporé de un salto, fui hasta la puerta, la abrí y efectivamente estaba allí.
Volvió el susto, no distinguía títulos, solo borrosamente podía ver la fecha.

Viernes 22 de noviembre de 1965...

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