Fue amor...
Fue amor, en el concierto nocturno al borde del mar.
como cualquiera o como nadie, caminaba desparramando la arena con mis pies a los cuatro vientos, pensaba que tan cruel que es el mundo, que poco lugar tienen y que poca suerte tienen, los que no creen en la suerte.
Jamás había levantado la cabeza, me había alejado con fuerza de mi casa, la luz cada vez latía menos, en si no importaba...
Quien sabe, si fue el destino, o la ansiedad de llorar en los brazos de alguien, su presencia frenó mis lamentos, mis citas de Becquer, solo quedé mirando estupefacto su sonrisa.
El viento celoso, recorría cada parte de su rostro, alguna partícula tenía la suerte de posar en sus senos, antes de morir junto al resto, desnuda, desnuda no, pero su vestido largo, color blanco, hacia juego con el lado mas encendido de la luna.
- Sonríes?, pregunta obvia, para intentar una ironía, en una noche vestida de blanco...
-Sonrío ante tu pena, deberías estar bailando, fumando un cigarro mientras el mar, nos cuenta un cuento. Sabes si de verdad puedes estar en silencio, la historia puede ser perfecta...
Me contó que venía escuchando como el mar hablaba del cuento de una sirena, que perdió su mortalidad por amor, y como su dios, se enojó, y la desterró al firmamento.
Mientras tanto, una estrella mostraba en la arena dos pares de pisadas...
Toda una vida, mirando el paraíso, su lugar en el mundo era el Edén que el ser humano nunca encuentra.
Aún así sonreía, una historia triste, despertaba la más certera alegría, mientras insistía que mis manos acomodaran su cabello castaño, y así podía ver en todo su esplendor, esos ojos negros, desafiantes de cualquiera que quisiera arrebatarle el título de ser la más hermosa.
Cada partícula de segundo que caminábamos juntos, era la eternidad que el alma hubiese deseado, por que me daba la sensación que me estaba enamorando.
La noche, rogaba para ir a dormir, detrás del sol, el sol quería acabar con el cuento del mar, pero no podía.
De repente, se detuvo frente al sol, me agarró de la mano.
Llevame con vos, a donde sea, me escapé el no lo sabe, si me agarra me mata.
Cagón, seguro que le pegó pensé para mis adentros, le dije que no sabía a donde llevarla, le pregunté de quién estaba escapando.
Ella solo decía que quería escaparse conmigo, a donde sea, de la tranquilidad en el mar pasó a una bravura incontenible, me besó, y con un beso se cerraron mis ojos y caí al suelo...
Desperté en el hospital más cercano, nadie sabe como llegué ahí.
Cuando la policía me interrogó, les dije que me desmayé: "se me bajó la presión", le contaba a un Sargento, alto morocho, que no podía desprenderse de sus anteojos de sol, estilo 80, dentro de un edificio.
El sol era una molestia para mis ojos, salí caminé veinte cuadras, llegué a mi casa, y por la ventana podía ver la serenidad del mar; eché andar nuevamente, para ver si estaba.
No recordaba su nombre.. En realidad nunca lo dijo, aún sentía su beso, como la despedida del gran amor.
Caminé por horas, esperé días, nunca más apareció.
A veces intento escuchar en las noches el sonido del mar, ella decía que narraba cuentos, que poca suerte tenemos los que no creemos en la suerte, el mar no me da una linea, ni un adelanto, de lo que pudo ser nuestra historia.
como cualquiera o como nadie, caminaba desparramando la arena con mis pies a los cuatro vientos, pensaba que tan cruel que es el mundo, que poco lugar tienen y que poca suerte tienen, los que no creen en la suerte.
Jamás había levantado la cabeza, me había alejado con fuerza de mi casa, la luz cada vez latía menos, en si no importaba...
Quien sabe, si fue el destino, o la ansiedad de llorar en los brazos de alguien, su presencia frenó mis lamentos, mis citas de Becquer, solo quedé mirando estupefacto su sonrisa.
El viento celoso, recorría cada parte de su rostro, alguna partícula tenía la suerte de posar en sus senos, antes de morir junto al resto, desnuda, desnuda no, pero su vestido largo, color blanco, hacia juego con el lado mas encendido de la luna.
- Sonríes?, pregunta obvia, para intentar una ironía, en una noche vestida de blanco...
-Sonrío ante tu pena, deberías estar bailando, fumando un cigarro mientras el mar, nos cuenta un cuento. Sabes si de verdad puedes estar en silencio, la historia puede ser perfecta...
Me contó que venía escuchando como el mar hablaba del cuento de una sirena, que perdió su mortalidad por amor, y como su dios, se enojó, y la desterró al firmamento.
Mientras tanto, una estrella mostraba en la arena dos pares de pisadas...
Toda una vida, mirando el paraíso, su lugar en el mundo era el Edén que el ser humano nunca encuentra.
Aún así sonreía, una historia triste, despertaba la más certera alegría, mientras insistía que mis manos acomodaran su cabello castaño, y así podía ver en todo su esplendor, esos ojos negros, desafiantes de cualquiera que quisiera arrebatarle el título de ser la más hermosa.
Cada partícula de segundo que caminábamos juntos, era la eternidad que el alma hubiese deseado, por que me daba la sensación que me estaba enamorando.
La noche, rogaba para ir a dormir, detrás del sol, el sol quería acabar con el cuento del mar, pero no podía.
De repente, se detuvo frente al sol, me agarró de la mano.
Llevame con vos, a donde sea, me escapé el no lo sabe, si me agarra me mata.
Cagón, seguro que le pegó pensé para mis adentros, le dije que no sabía a donde llevarla, le pregunté de quién estaba escapando.
Ella solo decía que quería escaparse conmigo, a donde sea, de la tranquilidad en el mar pasó a una bravura incontenible, me besó, y con un beso se cerraron mis ojos y caí al suelo...
Desperté en el hospital más cercano, nadie sabe como llegué ahí.
Cuando la policía me interrogó, les dije que me desmayé: "se me bajó la presión", le contaba a un Sargento, alto morocho, que no podía desprenderse de sus anteojos de sol, estilo 80, dentro de un edificio.
El sol era una molestia para mis ojos, salí caminé veinte cuadras, llegué a mi casa, y por la ventana podía ver la serenidad del mar; eché andar nuevamente, para ver si estaba.
No recordaba su nombre.. En realidad nunca lo dijo, aún sentía su beso, como la despedida del gran amor.
Caminé por horas, esperé días, nunca más apareció.
A veces intento escuchar en las noches el sonido del mar, ella decía que narraba cuentos, que poca suerte tenemos los que no creemos en la suerte, el mar no me da una linea, ni un adelanto, de lo que pudo ser nuestra historia.
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