Poema 24 de Octubre
Cuando cesará la blasfemia,
de aves rapaces,
disfrazadas de ángeles,
cuando dejará la angustia
de apretar el corazón...
Desde lo más profundo,
la mente exclama:
¡El destierro para los opresores,
que azotan sin piedad,
la mente, el alma!
Hundido en lo más profundo de la nieve,
la única salvación,
son los carroñeros,
habitantes de la miseria,
ungidos para bendecir la barbarie.
Pero el frío se adueña de las venas,
la sangre no recorre,
los ríos del paraíso interno.
Su voz se apaga,
nadie escucha las súplicas.
La ciudad se mueve al compás del dolor,
y su rima descansa en la espalda de los bastardos.
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