Hubo un tiempo.

De repente,
una a una se fueron apagando las estrellas,
las luces de las calles dejaron de titilar,
 el viento cesó,
con su verborrágico  ataque al centro del tiempo...

La oscuridad carcomía las alas de los ángeles,
que inútilmente,
deseaban escapar del abismo.
De a poco, la luz se fue apagando,
los árboles dejaron de respirar,
los relojes señalaban un tiempo,
de peces nadando en  abundancia.

El silencio comenzó apagar las almas,
se desplomaban en el suelo,
arrastrándose hacia un oasis,
que solo existe en sus sueños...

Cesa la respiración,
los párpados no resisten,
el cuerpo cae desplomado al suelo,
sin fe, sin ganas,
hubo un tiempo,
que el mundo tenía sentido en tus brazos.







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